Los habitantes de Nínive eran muy malvados y egoístas, querían ser dueños del mundo entero. Toda la gente andaba atemorizada de ellos, y de su gran ejército. Un día Dios dijo a su profeta Jonás que advirtiera a la gente de Nínive, que dejara de ser tan aprovechada y egoísta, si no Dios destruiría su ciudad. Pero Jonás no queriendo hacer eso, desobedeció y trató de esconderse de Dios. Se escabulló hacia el mar, y se embarcó en un velero que navegaba hacia un lugar muy alejado de Nínive, y de Dios, creyó él. Menuda sorpresa se llevaría Jonás.
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Ve, Jonás. …Dios dijo a Jonás ve, a la ciudad de Nínive. Dios dijo a Jonás ve, a la ciudad de Nínive. ¡Diles! ¡Diles! Que los voy a castigar. ¡Diles! ¡Diles! Que están portándose muy muy mal.
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