Los habitantes de Nínive eran muy malvados y egoístas, querían ser dueños del mundo entero. Toda la gente andaba atemorizada de ellos, y de su gran ejército. Un día Dios dijo a su profeta Jonás que advirtiera a la gente de Nínive, que dejara de ser tan aprovechada y egoísta, si no Dios destruiría su ciudad. Pero Jonás no queriendo hacer eso, desobedeció y trató de esconderse de Dios. Se escabulló hacia el mar, y se embarcó en un velero que navegaba hacia un lugar muy alejado de Nínive, y de Dios, creyó él. Menuda sorpresa se llevaría Jonás.

Ve, Jonás. 

…Dios dijo a Jonás ve, a la ciudad de Nínive. Dios dijo a Jonás ve, a la ciudad de Nínive. ¡Diles! ¡Diles! Que los voy a castigar. ¡Diles! ¡Diles! Que están portándose muy muy mal.
Jonás a Dios no obedeció, y en un barco se marchó, (bis).
¡Lejos se fue!, de la ciudad de Nínive. ¡Lejos se fue!, de la ciudad de Nínive.
Luego al mar se cayó, y un gran pez se lo tragó. (bis)
Se quedó en el pez, tres días fueron tres. (bis)
El pez lo arrojó al mar, nadando aprisa salió Jonás.(bis).
Obedeció,  al pueblo de Nínive predicó,(bis)

A ti también, si obedeces te irá muy bien, (bis).

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